el perro
yace
silencioso y frío
excluso en el arcén
arqueado
como una mueca de furia y sus vísceras
lamen el alquitrán
dejando una estela oxidada
pero aun así mira
al horizonte sin miedo
sin hiel
con calma hacia el sol que bosteza y nosotros
pasamos de largo inmersos
parias
apátridas
en las sombras de cada día
la vida sigue y el espectáculo debe
continuar
pase lo que pase